PROVINCIALES
30 de junio de 2026
Winifredense hace 30 años es el encargado de cuidar a los jugadores de la Selección
Daniel Martínez se convirtió en el histórico médico de la Mayor. Llegó a jugar en Argentinos y una rotura de ligamentos truncó su carrera, pero en la década del 90 llegó a la AFA y, con el paso de los años, se convirtió en un talismán para los futbolistas
Era uno a los que les brotaba la emoción en el césped del estadio Lusail ya entrada la noche de aquel 18 de diciembre de 2022. La selección argentina había dejado atrás 36 años de historia para volver a consagrarse campeona del mundo luego de vencer a Francia en la mejor final de todos los tiempos en la historia de los Mundiales. Y ahí estaba Daniel Martínez, el encargado de cuidar a las figuras de hoy. El mismo que viene haciendo su trabajo hace tres décadas en las entrañas del predio de la AFA en Ezeiza.
Nacido en Winifreda, una pequeña localidad de la provincia de La Pampa de menos de tres mil habitantes, Martínez fue una estrella de su pueblo. Con sólo 12 años, debutó en la primera del club Belgrano, de Santa Rosa, y cautivó a todos con su juego. “Era un excelente N° 10”, cuentan las crónicas locales de la época. Eso hizo que el sueño de llegar al fútbol grande de la Argentina se convirtiera en posible.
“Yo me había ido a probar a Independiente. Me aceptaban como jugador, pero no me daban la casa, la comida y viáticos, porque yo no podía ir por mis medios. Y entonces volví a La Pampa y Rodolfo -Talamonti, DT en el club pampeano- habló con José Pekerman y volví a la semana a probarme Argentinos Juniors. Estuve una semana y José con el profe Salorio, era la dupla ahí de Argentinos, me aceptaron como jugador y ya a los 15 días tuve que ir para comenzar a entrenar con Argentinos y jugué un campeonato que se hacía antes muy conocido, Proyección 86”, relató el doc en una charla con el medio Campeones.
Gracias a su capacidad, fue elegido para ser parte de la nómina del Bicho que disputó la Copa Libertadores de 1985, que el equipo de la Paternal conquistó de la mano de José Yudica tras vencer en la definición a América de Cali. Fue al año siguiente, después de terminar el CBC para estudiar la carrera de medicina en la UBA, cuando Martínez subió al plantel profesional que dirigía Roberto Saporiti. Es más, en la Libertadores del 86, Daniel tuvo en sus pies la chance de eliminar a River Plate en el desempate de la ronda por las semifinales, pero Nery Pumpido ganó el mano a mano y el Millonario se encaminó a lo que fue la primera consagración de su historia en el torneo continental.
La historia cuenta que se tuvo que operar dos veces más hasta poder volver a jugar. Fue ahí donde se encontró con Pekerman en la Reserva del Bicho. Martínez intentó, pero al ver que su rodilla no podía más, dejó la actividad profesional del fútbol para convertirse en un especialista en medicina del deporte, ortopedia y traumatología. Trabajó en rugby y tuvo un paso por Almirante Brown, hasta que a fines de 1995, Donato Villani lo invitó a sumarse al staff médico del seleccionado juvenil. “Un día me llama y me dice ‘el día que necesite otro médico, vas a ser vos’. Y al año de esa llamada me llamó para integrar la sub 15”, recordó.
El paso de Martínez por las juveniles estuvo plagado de éxitos. Los mismos que comenzaron con la era Pekerman, como el título mundial con la selección Sub 20 en Argentina de la mano de los goles de Javier Saviola, y siguió con la camada de Lionel Messi en la Copa del Mundo juvenil 2005 en Holanda y en Canadá 2007 con futbolistas como Sergio Agüero, Chiquito Romero y Mauro Zárate. También participó de la gesta en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, con aquel equipo de ensueño que formaron el Kun, Juan Román Riquelme y el astro rosarino que logró la medalla de oro tras el 1-0 de Ángel Di María en la final contra Nigeria.
Un día dio el salto a la Mayor, justo después de Sudáfrica 2010 con Maradona. Compartió el cuerpo técnico que condujo Alejandro Sabella y también participó de Rusia 2018 con Jorge Sampaoli. Claro, compartió mesas junto al Tata Martino y el Patón Bauza, hasta que llegó Lionel Scaloni y todo cambió. De las derrotas que generaron mucho dolor, a la alegría de no hacer otra cosa que ganar.
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