Lo primero que notaron fue la amabilidad. Acá el “buen día” no se negocia: te lo dan en la esquina, en el almacén, desde el auto que frena para que cruces.
La atención en cada lugar los descolocó. Café caliente de verdad, respuestas sin apuro, tiempo para explicar dónde queda lo que preguntemos.
El lugar los sorprendió: las calles, cielo gigante, siesta sagrada y atardeceres que no piden filtro.
Pero lo que se llevan son los vecinos. El que te indica sin GPS, la señora que te cuenta la historia del pueblo mientras te vende pan o te atienden en la cena
Dicen que Victorica no tiene mar, pero te ahoga en hospitalidad. Y que vinieron por curiosidad, pero vuelven por la gente. Porque acá no fuimos turistas. Fuimos visitas.
En el video comentan diferentes e innumerables lugares para recorrer, como dice el titulo, el turismo de Victorica es la Gente