Martes 5 de Julio de 2022

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8 de marzo de 2022

Carro Quemado, campeón de La Pampa: un cuento de Fontanarrosa que un equipo de mujeres hizo real....DIARIO LA NACIÓN

Un pueblo de 300 habitantes vivió un momento histórico cuando el equipo de fútbol femenino se consagró ante el poderoso All Boys, de Santa Rosa

¿Cómo se llama el carnicero?

-Luis Aroix.

-¿Y la portera de la escuela?

-Son varias. Elida Suhurt es una. Dalma Medina, otra.

-¿Y el médico?

-No tenemos. Viene una doctora y hay dos o tres enfermeras en la salita.

Lorena “Loli” Gutiérrez, que lleva la número 5 en la espalda, responde el ping pong que ayuda a entender eso que ella define como “acá nos conocemos todos”. Es literal. En Carro Quemado, un pueblo de 300 habitantes en el oeste de La Pampa, cada uno sabe quién es el otro. Por eso la algarabía: la final provincial del fútbol femenino, ahí mismo y contra All Boys, el poderoso de Santa Rosa, la capital, reunió 50 personas más que las que habitan a diario el lugar. Podría ser un cuento de Roberto Fontanarrosa. Ocurrió en realidad: Carro Quemado se coronó campeón al ganar la definición por penales.

El intendente Oscar “Chimi” Huarte, presidente además del club y fundador del equipo de fútbol femenino, dice que lo conseguido por estas jugadoras es el máximo orgullo en la historia del pueblo: “Lo recordaremos siempre como el día en que nos hicimos gigantes”. El título para ver quién era el mejor de la provincia se disputó el 20 de febrero. Los 90 minutos más tensos de la historia de Carro Quemado terminaron 5 a 4 a favor de las locales, desde los 12 pasos. El Canal 3 de Santa Rosa transmitió el encuentro para toda La Pampa. La crónica de ese día del diario La Arena da cuenta del nerviosismo y la tirantez. All Boys venía de ganarle el trofeo en la Liga Cultural y, de un lado y del otro, empezó a picarse el partido. Las agresiones se escuchaban. “Paisanos, chetos, cancha chica, cancha fría, chiquero, tramposos... Las calificaciones e insultos van en aumento hasta llegar a adjetivos hirientes -especialmente hacia las jugadoras-”, publicó el diario pampeano.

El beso a la copa, un momento histórico para el pueblo pampeano

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Ahora que ya pasaron unos días Loli Gutiérrez, de 36 años, cuenta que le calmaron los dolores en el cuerpo después de haber dejado todo en el partido histórico. Juega de 5, es madre de tres hijos (un varón y dos mujeres) y trabaja como portera del único jardín de infantes del lugar. En Carro Quemado hay escuela inicial y primaria. Secundaria se puede cursar hasta tercer año y después hay que buscar dónde continuar.

Gutiérrez es una de las jugadoras que vive ahí, aunque nació en Parera, a 250 kilómetros. Fue una de las fundadoras del fútbol femenino en Carro Quemado: “Acá arrancamos con Chimi. El nos agarró y nos empezó a llevar a jugar. Éramos poquitas al principio, pero empezamos a organizarnos y a salir a Santa Rosa y a otros lados a jugar amistosos. Entramos a la Liga Municipal a jugar de 7 y enfrentamos a lo que se pusiera delante. Nos llamábamos Las Leoncitas. Después Chimi se fue y lo dejó de entrenador al Adán, que es mi marido. Acá somos todos un poco parientes”.

El plantel de Carro Quemado está conformado por 18 futbolistas. Cinco viven en el pueblo y el resto son jugadoras de otras localidades. Refuerzos que Adán Villegas, el DT, contactó y buscó, y a veces trajo para cada partido. Contó con el apoyo desde la municipalidad de Chimi Huarte, que en ocasiones puso a disposición la combi de la intendencia para que las jugadoras llegaran al pueblo. Carro Quemado ganó el torneo con futbolistas que no se entrenaban en la semana, sino que se juntaban para jugar. A excepción, claro, de las cinco del lugar, que practicaron con el equipo masculino del club. Después de haber empatado 1 a 1 en la ida en la cancha de All Boys, la entrada a Carro Quemado recibía a los visitantes en la final con un pasacalles: “Pueblo chico. Equipo grande”.

Ante el contacto de LA NACION, el intendente Huarte pide unos minutos para hacerse el mate y despertarse después de la siesta. Así, dice, puede charlar tranquilo. Tiene 38 años y es bisnieto de Ceferino, uno de los fundadores del lugar, homenajeado con el nombre del polideportivo del club, ya que fue quien donó las tierras donde hoy se asienta ese espacio y también la cancha en la que las mujeres acaban de salir campeonas.

Desde que era chico soñaba con ser el intendente de mi pueblo y hacer cosas como estas. Por eso digo siempre en mis discursos: ‘Antes buscabas Carro Quemado en Google y te aparecían coches quemados en Venezuela o México. Ahora, salen obras o este título. Para mí, es un orgullo

A Chimi (un apodo que derivó de sus travesuras infantiles cuando le decían “sinvergüencita” y él repetía “chimigüencita”) fue uno de los artífices del primer grupo de jugadoras: en 2012 le ofrecieron dirigir a las pocas que jugaban, buscó en Internet trabajos de entrenamiento femenino y se mandó. “Compré con plata mía dos pelotas número 4 rositas. Número 4 porque esas son de medio pique así que lo primero que tenían que resolver era cómo controlar el balón”, cuenta hoy. Por entonces era concejal. En 2015, como candidato del Partido Justicialista, ganó las elecciones y le dejó el equipo a Villegas -que trabaja como el regador municipal-. Ahora va por su segundo mandato. Refundó el club en plena pandemia, el 13 de agosto de 2020, cuando consiguió la personería jurídica. Cumplió el objetivo de recuperar una entidad que llevaba más de 20 años sin competición. Cambiaron la vieja denominación de Club Atlético por la de Club Social y Deportivo Carro Quemado. “Yo siempre estuve a favor de que las mujeres jugaran al fútbol. de hecho vi que tenían condiciones y creí que había que darles la oportunidad. Hoy es felicidad total. Es el orgullo de que vean que acá también se puede. Nos gustaría que otros equipos chicos nos tomen como ejemplo”, dice.

La entrada a la ciudad: así recibió Carro Quemado a sus rivales en la final

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Antes de dedicarse a la política era el remisero del pueblo. Cuenta que hoy se moriría de hambre si trabajara de eso porque, por ejemplo, ya tienen un cajero automático: “Antes mi trabajo era llevar a la gente a cobrar a Victorica, acá a 40 kilómetros, que es donde hay banco. Pero en mi primera gestión ya pusimos cajero y la gente no necesita ese servicio”, dice.

Carro Quemado cumplirá su centenario en 2024. Se llama así porque era un carro quemado lo que identificaba el paraje. Una versión indica que, en tiempos de la Campaña del Desierto, los pueblos originarios prendieron fuego una carreta que había pertenecido a la milicia y entonces, cuando alguien pasaba por ahí o quería dar una referencia, apuntaba al “carro quemado”. En 1922 se fundó la primera escuela de la zona y dos años después el pueblo. Hoy se trata de 25 manzanas. En cada rincón la semana previa a la final se vivió con nerviosismo e intensidad. “Fue la semana más larga de nuestra vida -dice Huarte-. Era juntarnos o cruzarnos en alguna esquina y hablar de eso”.

 

Ana Islas es la goleadora del equipo. Fue la artillera en la Liga Cultural que habían perdido con All Boys y terminó como máxima anotadora de su equipo en este título. Tiene 28 años y cada fin de semana llega a Carro Quemado desde Toay, que está a 115 kilómetros. Es una de las refuerzos de lujo junto a Romina Díaz, la capitana, quien la temporada pasada jugó el torneo de AFA en Independiente y que es oriunda de Quemú Quemú, aunque reside en General Pico (a 220 kilómetros).

“Llego como sea, o me lleva mi viejo o me viene a buscar Adán o el chofer del municipio o consigo algún taxi porque no hay micro directo a Carro”, dice Islas, que es maestra inicial y trabaja como maestra idónea. Cuenta que tuvo propuestas de jugar en otros clubes, pero eligió a Carro Quemado precisamente por ser un lugar tranquilo: “Ahí todos te reciben como si fueras de la familia, te invitan a comer. Si voy al kiosco o ando por la calle no me llaman por mi nombre: me dicen ‘9′ o ‘hola, goleadora’. Es un pueblo apasionado por el fútbol’”.

Fueron por ella porque necesitaban alguien que hiciera los goles. No falló.

Carro Quemado, el pueblo que se hizo gigante, es un punto más que muestra el crecimiento del fútbol femenino en la provincia de La Pampa. Hace tres temporadas pensar en que las mujeres jugaran fútbol 11 parecía una utopía. Pero ya se concretó.

La cancha se llama Lázaro Fidel Sarasketa, en homenaje a un ciudadano que juntaba a chicos del pueblo y los llevaba a jugar al fútbol en su camión por diferentes lugares.

La definición que coronó a Carro Quemado llevó el nombre de “Copa Mari Acevedo”, un homenaje en vida a una de las pioneras del fútbol femenino en la provincia. En La Pampa además hay varias entrenadoras que se destacan: Marcela Castro (también pionera, hoy DT de All Boys), Melisa Evangelista (Pampa Fútbol), Telbi Vera (Belgrano), Ada Cerna (25 de Mayo) y Carla Gómez Camerlinckx (Costa Brava). En la primera división de AFA hay cuatro representantes: Lourdes Loza, que juega en Lanús, Carolina Echeverría y Ángeles Cueto, ambas en Comunicaciones, y Camila Rodríguez, en Estudiantes de Buenos Aires.

Pese a haber perdido la final, Marcela Castro destaca: “Lo que pasó es un triunfo para todo el fútbol femenino. Las más chicas empiezan a tener lugares donde entrenar y torneos organizados para competir”. Mientras tanto, Chimi Huarte, el intendente y presidente del club campeón, sigue soñando: le gustaría participar en torneos federales contra equipos de otras provincias y por qué no jugar en el campeonato organizado por la AFA. También aclara que busca empresas que quieran sponsorear a las campeonas para poder seguir proyectando.

Y promete que el 2 de abril abrirá las puertas de Carro Quemado para celebrar el mayor hito de la historia: el título provincial de las campeonas de pueblo chico y equipo grande.

El plantel completo

Melina Alvarez, Paola Miranda, Lorena Gutiérrez, Micaela Romero, Erica Ramires, Yanina Piacenza, Romina Díaz, Yemina Aznarez, Lorena Alberti, Melani Quiroga, Laura Altamirano, Martina Vázquez, Ivonne Jaca, Natalia Gatica, Daniela Morales, Estefanía Michelle, Agustina Gandini, Mónica Funes.

Las campeonas, sobre el césped, disfrutan del momento

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Ayelén Pujol  

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